El pueblo de Clovis era un grupo de cazadores especializados en la caza del mamut, abundando en los sitios arqueológicos de esta cultura -que se extiende también hacia México y América Central- una bella colección de punta de lanza de piedra que se caracterizan por una hoja tallada por presión con un canal hasta la mitad de la pieza que servía para asegurar la punta a un palo.
Con la confirmación de las fechas por el método de carbono 14, la comunidad científica organizada alrededor del Instituto Smithsoniano aceptó que la cultura Clovis era la más antigua de América y que estaba relacionada con la llegada del hombre a este continente. Así se desarrolló la teoría del poblamiento tardío, que sostenía que aproximadamente hace 13 mil 500 años A.C, un pequeño grupo de seres humanos procedentes de Siberia, ingresaron al continente americano por Beringia hacia Alaska, en el periodo en que bajó el nivel de las aguas durante la era del hielo. Después marcharon hacia el sur, al oeste de la actual Canadá a través de un corredor libre del elemento glaciar, persiguiendo a los grandes mamíferos de los que se alimentaban.
Así constituyeron una cultura de la que descenderían los demás pueblos de América. Los argumentos en favor de esta teoría se sucedían; no había datación más antigua a la de la cultura Clovis, no se había probado otro sitio más antiguo y hasta antes del 14.000 A.C el corredor descrito en Norteamérica libre de hielo no existía.
Pero a partir de 1956 surgieron dudas al respecto. Especialmente a través del trabajo pionero de Alex Krieger, el precursor de la teoría de poblamiento temprano o teoría pre-clovis. Esta teoría es en realidad una serie de estudios arqueológicos, lingüísticos y genéticos que cuestionaron al consenso de Clovis, ya que sus datos entregaban fechas anteriores al de este sitio para la llegada del hombre a América.Entre estos tenemos los estudios genéticos de ADN mitocondrial ( ADNmt) sobre la población indígena de América actual que postula fechas menores a 70.000 A.C, no descartándose el arribo de grupos de humanos más antiguos que no presenten descendencia masculina de los actuales y el movimiento de distintas oleadas migratorias.
El golpe mortal para el desmoronamiento definitivo del consenso Clovis vendría en 1997. Ese año se produjo una visita de una delegación científica de alto nivel al sitio de Monte Verde, encabezada por Calbot Vance Haynes, el más importante defensor de la teoría del poblamiento tardío. Recordemos que Monte Verde, aquel yacimiento arqueológico del pleistoceno tardío, ubicado a 35 kilómetros al suroeste de Puerto Montt, que tiene un fechado estimado por carbono 14 de 12.500 años, presenta una característica que lo destaca como sitio y es su notable conservación.
Esto se debió a que el lugar ocupado por una población semi sedentaria –de 20 a 30 individuos que estuvieron por cerca de un año en aquella zona- al ser abandonado por sus habitantes, se produjo un leve ascenso del nivel del agua del pequeño arroyo Chinchihuapi, cubriendo un pantano el piso ocupacional, lo que significa que la materia orgánica que hay en él no se pudriera. Así, la madera, carne y cuero de mastodonte y restos de 70 especies de plantas extraídas de un área de más de 400 kilómetros de largo para el consumo alimenticio y medicinal humano, por nombrar algunas de las 700 piezas obtenidas por el equipo internacional multidisciplinario de científicos y profesionales de la Universidad Austral de Chile -encabezados por el arqueólogo Tom D. Dillehay- pudo encontrarse con una verdadera burbuja en el tiempo.
Viendo la contundencia de los datos la delegación científica concluyó que el sitio Monte Verde era real. Por su antigüedad, su ubicación al otro extremo del continente y sus patrones culturales, destruía el consenso de Clovis y abría los ojos a otros sitios arqueológicos con dataciones similares o incluso más antiguas que esperan ser confirmadas; y repensar el trabajo investigativo en relación a la cultura Clovis, lo que han hecho los arqueólogos Michael Waters y Thomas Stafford en su trabajo publicado en la última edición de la revista de Science titulado “ Redefining the age of Clovis: Implications for the peopling of the Americas” (redefinición de la edad de Clovis: implicaciones para el poblamiento de la América), precisar una corrección en la datación con radiocarbono de la cultura Clovis entre 11.500 y 10.900 A.C., descartando que fueran los primeros habitantes del nuevo mundo y que su influencia fue de tan solo algunos siglos. “Los datos arqueológicos muestran ahora que Clovis no representa a los primeros habitantes de las Américas y que se necesita un nuevo modelo para explicar” el origen de la presencia humana en el continente, según apuntan estos dos investigadores, lo que abre la puerta para la aparición de descubrimientos que nos replanten la historia temprana del hombre en América.