Trabajo y maternidad PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Por Loreto Bustos Novoa, periodista   
domingo, 03 de junio de 2007

 

LoretoHoy, cuando casi sin darnos cuenta, (para los que pasamos la barrera de los 30), estamos pisándole los talones al 2010, cuando la tecnología, la modernidad, y hasta la rudeza femenina que se genera por esta intensa persecución de la igualdad de género; la maternidad y su combinación con el trabajo fuera del hogar sigue siendo el gran “pero” del moderno andamiaje de la sociedad.

Ser madre es –sin lugar a dudas- el mejor regalo de la vida, aunque suene a frase hecha. La prolongación de la existencia y de la familia, la sensación de felicidad combinada con una extraña y constante preocupación por ese ser pequeñito, que llega a habitar este mundo con todos sus defectos y virtudes, forman parte de los sentimientos que afloran en estas mujeres, que en ningún momento de esta nueva etapa familiar, olvidan que pronto deberán volver a sus funciones como trabajadores y seguras profesionales. No en vano hay una sociedad que nos está observando con lupa para ver si nos desempeñamos tan bien como lo hacen los hombres, o como cientos de generaciones así lo creyeron ciegamente.

 

Más que un desafío, volver al trabajo después que tu hijo cumple 3 meses de vida e intentar organizar los tiempos, la casa, los gastos y todo lo que se viene encima, resulta ser una profunda preocupación que cada madre debe cargar, como una verdadera mochila en su espalda. Y nada, ni siquiera los típicos consuelos de “no serás ni la primera ni la última”, logran reducir los miedos que una madre enfrenta al dar este importante paso.

 

Médicos y expertos recomiendan la lactancia exclusiva y el apego de la madre con su hijo lo más que se pueda; sin embargo, las exigencias de un país que crece y de una clase media que busca mejorar día a día sus condiciones de vida, nos hace alejarnos de aquellas recomendaciones.

 

Clases acomodadas y aquellas que sufren en la pobreza generalmente están más cerca de sus hijos, como una gran ironía de la vida.

 

Volver al trabajo en estos tiempos, a las puertas de una nueva década es lo más prometedor que existe para una mujer profesional que quiere desarrollarse y aportar económicamente en su hogar. Sin duda, muchas esperan hacerlo bien y de una vez por todas dejar de cambiar los pañales para comenzar con los desafíos que diariamente impone la responsabilidad laboral, eso sí, esperan un mayor entendimiento y comprensión de parte de quienes están del otro lado, llámese maridos, colegas o jefes.

 

Lo importante es no desconocer jamás cuál es el precio que se debe pagar por esta reincorporación a la vida del trabajo, siendo en definitiva el aporte más fundamental que las madres hacen a este país. Dejar a sus hijos para cumplir con metas y horarios, pese a los largos años persiguiendo el desarrollo, no deja de ser un acto loable y sobre todo valiente.

 

Crear un pos natal masculino fue sin duda un gran acierto del Gobierno. Los padres tienen la obligación de estar cerca de esos retoños a quienes durante su crecimiento no tendrán la oportunidad de ver muy de cerca, precisamente por la demanda laboral que cada día arremete con mayores exigencias.

 

De ahí es que aplaudo también la posibilidad de ampliar el pos natal femenino a 6 meses, como se ha planteado políticamente en estos días. Es una de las propuestas más llamativas e interesante que he escuchado este año y aunque sea porque soy mujer, porque soy hija, o porque soy madre, lo cierto es que la celebro porque estoy del lado de quienes conocemos lo difícil que resulta dejar a tu bebé antes de cumplir 3 meses, cuando se está empezando a comunicar con los demás, en las manos de otros sin entender aún, a esta corta edad, que los costos de la vida moderna, de la competitividad y de las incansables luchas por la igualdad condicionan su seguridad, aquella que sólo se tiene con certeza en las manos de su madre, la de este lado.

Modificado el ( miércoles, 11 de julio de 2007 )
 
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